Al menos una vez de la vida hace falta hacer un capodanno a Times Square, Nueva York, yo he tenido el fortruna de estar allí a fin 1999
¡Cuántas veces habéis visto en televisión, el 1° de enero, las imágenes de Nueva York, aquella esfera luminosa que baja sobre el techo de un rascacielos en la plaza más famosa al mundo… Times Square?! ¡Por años yo también la he visto soñando una vez con poder al menos en la vida estar allí presente, entre millones de personas, en la ciudad más famosa al mundo!
En el verano del 1998 he tenido a la suerte de visitar por dos semanas esta estupenda ciudad y ya año y medio antes del fin del milenio, el tablero gigantesco de Times Square anunció el megafesta de fino milenio. ¡Habría sido de veras inolvidable sernos!
Logro convencer a un amigo mío que no podemos esperar otros 1000 años antes de dar un fin del milenio propio en el “ombelico del mundo" y así reservamos el viaje a principio agosto y somos obligados por la agencia a pagarlo completamente dentro del fin del mes. ¡Precios de "fin milenio", £ 3.500.000 por 5 noches!
La entrega de los documentos de viaje pone a dura prueba mi paciencia, sólo llegan a la agencia dos días antes de la salida. ¡Se parte por fin! ¡Vuelo Air France, Niza-París-Nuevo York y llegamos en la gran manzana! El tiempo es aceptable, la temperatura es algún grado sobre él cero, nos es solas y no hay demasiado viento. A distancia de tres años puedo decir que los inviernos siguientes hemos sido realmente dichosos mucha nieve y temperaturas han estado en seguida muy fríos bajo él cero por más que 15 días.
Nueva York durante las fiestas es de veras un espectáculo inolvidable, todos los grandes almacenes hacen a competición para tener los escaparates más luminosos y atractivos, particularmente bonitos son los escaparates de Macy's, el más gran centro comercial del mundo. En el Rockefeller Center bajo el inmenso e iluminado árbol de nacimiento más famoso al mundo dónde en verano los turistas se refrescan delante de la fuente de Prometeo, decenas de patinadores se entretienen sobre la superficie congelada de la plaza. Todos las principales avenue son iluminados de modo de veras sorprendente, sólo el Central Park está de veras desnudo y parece menos inmenso que en verano: ¡se logran hasta ver entre las ramas secas los rascacielos sobre el otro lado!
Somos a fin milenio, antes del maldito 11 septiembre de 2001, pero ya hay mucha tensión: en los días anteriores son parados algunos terroristas sospechosos de preparar un atentado propio a Times Square. La seguridad es máxima, son sellados todas las alcantarillas de la zona, removidos los contenedores de los rechazos, prohibido estacionar en el rayo de centenares de metros de la plaza. La policía, en uniforme y en burgués, está presente en cada rincón. El hotel dónde alojamos, el Ramada Plaza, es a una manzana de la plaza, al interior de la zona de máxima seguridad. Somos obligados a vestir pulseras de seguridad inamovibles ventiquattr'ore sobre veinticuatro que, junto a la llave de la habitación, nos identifican como hospedas y que nos permiten de entrar.
Por fin llega el 31 de diciembre, el último día del milenio. ¡A Time Square han preparado de veras las cosas en grande… una fiesta de 24 horas! Quince minutos antes de cada hora desfilan decenas de bailarines y, al disparar hora, las pantallas gigantes enseñan las imágenes de los países donde se celebra capodanno. Cada hora son entregados allí globos pintados, pon pon de papel, gorras, pelucas multicolores que pintan la plaza de modo diferente.
Desaforadamente justo el día del 31 se revela la más fea y más fría y también cae algún copo de nieve. Por suerte soy bien equipado. Vestuario muy pesado, barrette energéticos por las comidas y una botella de Gatorade que tengo que hacerme durar todo el día.
A las 18 el momento más emocionante por nosotros… en Italia nuestros amigos celebran mientras aquí al disparar medianoche todavía faltan seis horas. Pero la emoción y los acontecimientos hacen correr rápidamente el tiempo.
A un alguno apunto entre la muchedumbre al alcalde Juliano aparece, escoltado por la policía. Tengo la suerte de encontrarme bastante parecido, mucho de lograr sacarle una bonita fotografía que será publicada en el libro "Dawn of the 21st Century." (Millennium Photo Project), una colección de las más bonitas imágenes disparada en todo el mundo durante los festejos de fino milenio.
La última hora es el más emocionante de todo, la instalación sonora de algún millar de vatio promete todos los éxitos de los últimos años, él ya usual desfile se hace cada vez más apasionante y "americana." Los últimos minutos la música se pone ensordecedora por luego acompañar con un sugestivo efecto "rotatorio" el countdown de la medianoche. Al mismo tiempo la famosa esfera de cristal baja del asta apuesta sobre un rascacielos para iluminarse en mil colores mientras en cielo decenas de fuegos de artificio estallan y caen de los rascacielos alrededor de la plaza toneladas de "confites", como aquí llaman los cilantros multicolores y multiformes. El espectáculo en el media hora siguiente es realmente impresionante e inolvidable, luces y sonidos se mezclan en cielo y en tierra, reflejándose en mil colores sobre los vidrios de los rascacielos de Times Square.
La música a empinado volumen y los golpes de los fuegos de artificio cubren las voces y casi hacen imposible cada comunicación, pero poco importa, somos todo felices de participar en esta gran fiesta.
Vierto la una, la plaza y la zona circunstante empiezan a vaciarse, después de la larga "tirada" somos de veras todo muy cansados. Dichosamente el hotel es a pocos pasos y, después de una bonita ducha caliente, nos metemos bajo las mantas todavía incrédulas por el día pasado.
El día después, despertador al alba, le es a NY, y es nuestro último día de vacación. Damos una vuelta alrededor de Times Square, hay en el trabajo decenas de barrenderos para sacar las toneladas de basura de la noche anterior, a mediodía ya es todo limpio.
Desaforadamente la vacación es acabada y a tarde nos espera el avión que nos reconducirá en Italia.
¡Un capodanno a Nueva York es un po' querido, sumad todos los gastos, a nosotros ha costado unos 5 millones, pero queda en todo caso una experiencia inolvidable que hacer al menos una vez en la vida!