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Cielos de América, Parte 2/3
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Diario de un viaje por los Estados Unidos pasando por 10 estados: Virginia, Maryland, Pennsylvania, Nueva York, Massachusetts, Colorado, Utah, Arizona, Nevada, California Parte 2/3
7° día: jueves el 9 de agosto de 2001: BOSTON
Visto hoy el viaje pesado del día primero el despertador es menos implacable que lo usual. Después de un bonito desayuno la primera cosa que haremos será fuertemente americana. Fue una de las cosas que quisimos probar absolutamente, la lavandería automática es uno de los símbolos de la vida cotidiana en america. Para el viajero significa entrar en el corazón de América, sentirse a uno de ellos. Después de una hora acerca de hemos acabado y estamos listos a partir al descubrimiento de Salem. En primer lugar visitamos un museo de las brujas. Se revelará una media desilusión. En lugar de un museo se trata de un espectáculo, una especie de monólogo, en cuyo cuentan viejas historias de brujas en el Boston del 1800; palabras entendidas 3 o 4, una tragedia. El centro de Salem es completamente peatonal y muy bonito. Nos dirigimos hacia el puerto y nos paramos a comer en un local donde comemos discretos platos de pez. En el ínterin la temperatura ha alcanzado niveles insoportables excepto, como siempre, para Federica y Simona 2 que, más bien, no desdeñarían un golfino, terrible!!). El puerto no es entusiasmante, decidimos tomar el coche y dirigirnos a Boston.
Boston representa el america moderno de nuestros días, pero con profundas raíces en los siglos pasados. El Massachusetts tiene el apodo de puritan, estado puritano, los padres romero han dejado las tradiciones, el modo de vivir y de pensar de los blancos, anglosajones y protestantes del 1700. En todo caso allí La ciudad es gustada mucho. Los jóvenes son muchísimo y, alrededor del tradicional punto de encuentro de los Bostoniani, el Quincy Market, encuentra un clima burbujeante y goliardesco; complessini que tocan, bares llenos de gente, personas que se encuentran y turistas que se cuelan. Un largo paseo, varios kilómetros, al descubrimiento del centro de Boston es señalada con una tira de mattoncini rojos, que te conducen al descubrimiento de esta bonita ciudad. En espera de la cena recorremos de ello un bonito trozo. Llegamos hasta el Boston common, el más antiguo parco público de todos Estados Unidos. Es considerado un símbolo de libertad, en cuánto de cuando fue creado, en lo lejano 1630 acerca de, cada ciudadano hasta también pudo utilizarlo para pastorear las vacas; aquí fueron pero bárbaramente ahorcados cuáqueros, brujas y piratas; otra prueba que en este país, símbolo y guía del mundo civilizado, sobreviven fundidas junto grandes libertades y profundas injusticias. Cansados por la larga pateada nos basamos en un Tex-Mex, restaurante tejano mejicano, se revelará a una de las prácticas gastronomías más exitosas de este viaje. En dirigirnos hacia la máquina para volver a nuestro motel parándonos en un pequeño supermercado para comprar agua, hacemos uno de los encuentros más belli y conmovedores de nuestro viaje. Una anciana mujer nos siente hablarnos en italiano y nosotros punta; es una mujer italiana de la provincia de Avelino. Nos cuenta su vida de inmigrada en el período en que en Italia la vida fue realmente difícil y América encarnó mucho más de ahora el sueño de libertad y bienestar por millones de extranjeros. La suya no ha sido una vida fácil y el sueño americano sólo se ha revelado una dura supervivencia. Sólo por poco América ha sido la calle del oro, por millares o millones, de anónimos ha sido una vida de sacrificios y privaciones con el dolor por la lejanía de los mismos orígenes. La dejamos entre las lágrimas y con la promesa, a nuestra vuelta a Italia, de hacer un saludo a su tierra. Llegamos a moteles cansados pero felices de este día americano, dentro de nosotros es un po' crecido el amor por nuestro país.
8°-9°-10° día: viernes el 10 de agosto de 2001 - sábado 11 y domingo 12: Boston - Denver
Nos despertamos pronto por la mañana. Tenemos que preparar los equipajes porque por la tarde nos espera el avión por Denver, y en la mañana tenemos que continuar la visita de Boston.
Tomamos a uno de aquellos pulmini turísticos con el que giramos gran parte del centro ciudad, también pasamos delante de la celebérrima universidad de Harvard, dónde los hijos más dichosos de la América más rica construyen su dorado futuro por la módica cifra de unos unos ochenta millones al año. Aquí aseguran que, a diferencia de Italia, el dinero gastado por la universidad es una real inversión. Vemos luego el distrito financiero con sus rascacielos y recorremos toda la zona del puerto. Le bajamos a North end, viejo barrio del puerto dónde los inmigrados vivieron al principio del 20° siglo, se podría definir el little Italy de Boston; aquí se tienen fiestas religiosas, procesiones y fiestas varias en memoria de las viejas tradiciones italianas. Recorremos el barrio en dirección centro, los bares se parecen mucho a aquellos italianos, pero pienso que los italianos quedados son poco; se libera por de más que descendientes que han olvidado la lengua de sus padres y soy ya americanos al 100%. Usted ya es hecho particularmente tarde, dentro de dos horas tenemos que recobrar el coche e ir a aeropuerto por el check en; nos paramos en un bar con inscripciones italianas, también la decoración interior recuerda un bar italiano. Yo y Diegone, lo llamamos así, pero no depende absolutamente del panza, probamos un bocadillo con la mortadela; sabemos de arriesgar grande, pero va allí bien, el bocadillo es muy bueno aunque muy querido, 6 dólares. Acabado el almuerzo también probamos el exprés, en sustitución por una vez del mejunje americano, bueno casi como en los bares italianos.
A las 13.00 acerca de damos el adiós al coche con el que hemos recorrido 2.500 kilómetros del este americano. Llegamos a aeropuerto es hemos padecido una fea sorpresa: nuestro vuelo por Detroit ha sido anulado por feo tiempo. Y' el principio de una fea aventura que nos demostrará que no sólo en Italia se puede ser víctimas de retrasos y disfunciones. Después de interminables discusiones con el personal a las taquillas entendemos que tendremos que encontrarnos un hotel por la noche porque hasta las 13 del día siguiente no habrá otro avión. Pero no es acabada todavía porque el avión después el día parte con un retraso monstruoso y, llegados a Detroit con más de dos horas de retraso perdemos la coincidencia por Denver. Somos obligados otra vez a encontrar un hotel y esperar el día siguiente. Todo esto nos ha hecho llegar a Denver domingo 12 de agosto a ella horas 18.00 en lugar de viernes 10; hemos perdido bien dos días en un programa de viaje ya estrecho. El problema es recobrarlos como; saltaremos medio día renunciándole a Canyonlands, otro medio día la recobraremos entre Grand Cañón y Bryce Cañón y un día entero lo sacaremos a California.
2 ^ parte del viaje: EL MÍTICO OESTE
10° día: domingo el 12 de agosto de 2001: DENVER-GREEN RIVER
Por fin estamos en Denver, el oeste americano nos espera. El mito de la frontera, de las calles excavadas, de los inmensos espacios, está bajo nuestros pies. No nos sirve que un coche y una canción de los Eagles y el oeste es nuestro. Alcanzado el aparcamiento del Alamo y entregados los documentos necesarios retiramos el coche y estamos listos a partir. Para recobrar el tiempo perdido tenemos que hacer más que 500 kilómetros, atravesar las montañas rocosas y llegar hasta Green River, en Utah en los aprietas Arches national park. Embocamos el Interstate 70 atravesamos Denver donde se dice principios el verdadero Oeste. Y' extraordinario porque cuando estás en Denver si miras hacia Este ves un llano infinito, hacia Oeste las imponentes montañas rocosas. Después de más de 6 horas que coche, a causa de las 3 en avión y todo y tres los chóferes explotados llegamos moribundos a Green River y, tomada una habitación al motel 6 del país, no vemos sino la cama. Transcurrimos nuestra primera noche bajo el cielo del oeste, nos encontramos a un paso de parques extraordinarios. Estamos en la tierra de los indianos y los pioneros, en un estado grande más que mitad de Italia con tampoco 2 millones de habitantes, a pesar del cansacio hay la emoción por los sitios que veremos y las calles que recorreremos y la banda sonora de nuestro sueño será una vieja melodía indiano.
11° día: lunes el 13 de agosto de 2001: Arches National park-Monument valley.
Primer despertador en el oeste americano. Hemos dormido pocas horas, pero tenemos que despertarse muy pronto. Muchos son los kilómetros que recorrer y muchas las cosas por ver. Le preguntamos a Jimmy, soñoliento portero del motel, de indicarnos un sitio dónde consumir un gigantesco desayuno. Después de dos días terribles por fin somos relajados, también gracias a un estupendo plano lleno de huevos bacon y patatas, chupadas de fruta y café. El buen Jimmy nos ha sugerido un óptimo sitio, de grito también la camarera; bonita, tímida y muy americano. Después de una hora ya estamos dentro del Arches National park. Quedamos a boca abierta por la belleza salvaje y solitaria de este parque; el horizonte es infinito, el silencio es total, el único ruido es el crujido del viento, somos todos callados solistas con nuestros pensamientos hechizados por estos lugares. Nos desplazamos dos o tres veces con el coche para alcanzar los sitios más interesantes para continuar luego a pies. En secuencia alcanzamos bastantes maravillas de la naturaleza: en la senda recorrida a pies encontramos varios arcos formados del agua y del viento con una lenta pero inexorable erosión, hasta a llegar al símbolo del parque el landscape arch, el más largo arco natural del mundo. Desaforadamente después de un par de horas el tiempo empeora y llega hasta la lluvia. Y' en todo caso ya bastante tarde y por la tarde tenemos que llegarle al Monument Valley, acerca de 200 kilómetros más a Sur. Embocamos el highway nr. 191, una de las calles más espectaculares de América que atraviesa Utah y Arizona de Norte a Sur hasta morir al confín con México. Rozamos Canyonlands, una de las etapas anulado a causa de los días perdidos y tenemos la sensación de perdernos algo de hora extra. Después del almuerzo a un Denny's algún kilómetro a Sur de Moab retomamos nuestro viaje. El tiempo siempre empeora de más y se transforma en dirigir de pocos minutos en un auténtico chaparrón. Llegamos a Montículo, anónimo pueblecito entre el nada, dónde las 191 cruzan las 666 que lleva allí al Mesa Verde y a la lluvia de una tregua; nos paramos para desentumecernos las piernas y para cambiar el agua a los loros. Montículo es un ejemplo típico del oeste americano; estas pequeñas ciudades de provincia pueden encontrarse a horas de máquina de otras poblaciones de cierto relieve. Por nosotros europeos es sorprendente y spiazzante el impacto con un país que tiene en las grandes distancias y en los espacios invadidos sus características más marcadas; en estas mesetas inmensas se logra ver al horizonte la redondez de la tierra. Me doy cuenta de ser casi desprevenido a estas soledades y a estos inmensos silencios; la vida de ciudad nos ha obligado a hacer la costumbre a caos y a ruido, y como todas las costumbres con el tiempo se ponen indispensables. Y' por éste que cuando nos encontramos como en sitios este, dónde los silencios, los espacios y las soledades reinan soberanas, nos sentimos a malestar hasta hasta casi probar un malestar físico; ya no somos protegidos por nuestras costumbres.
Repartidos por Montículo después de acerca de unas unos treinta millas abandonamos las 191 y embocamos las 163, el highway que no olvidaré e indudablemente recorreré. El paisaje es aquel de las películas westerns, estamos en la reserva indiano de los navajos a la que el gobierno de los Estados Unidos ha donado, después de ser tomado él todo, la vecina Monument Valley. Revivo los millares de imágenes vistas en película y fotografías, pero esta vez yo estoy aquí y estas sensaciones me quedarán para siempre imprimidas en la mente y en el corazón. En estos lugares inalterados en el tiempo se derriten junto el mito de la frontera de ayer, aquel de los pioneros y aquel de hoy, aquel de Easy rider y primera ancla aquel de Jack Kerouac y ahora la mía,; a lo largo de esta calle en mi mente se cruzan las canciones de los Eagles y las páginas de "On the road", el mito del viejo West y una nostalgia de fondo, mi personal, vehemente y melancólica: aquel por las cosas que no se han vivido, por el tiempo que transcurre y los tiempos que cambian. Y con la convicción ya perdida que con un viaje en los lugares siempre soñados siguiendo generaciones ya manos, se pueda encontrar lo que se busca recorriendo paralelamente a una calle un trayecto del propio corazón. En el fondo un po' todo somos a la búsqueda de algo que quizás, o indudablemente, no encontraremos nunca. Creo que en el fondo a cada rectilíneo y más allá de cada curva, como de un bonito libro de Alex Roggero, además de seguir la fantasma del blacktop, el manto negro del asfalto, símbolo y espíritu de las calles americanas, cada uno de nosotros rodea el mismo desengaño.
En manos de estos pensamientos y después de acerca de media hora de calle atravesamos el último pueblecito antes del Monument: Mexican Hat, tan llamado por una roca en forma de sombrero mejicano. El paisaje se pone cada vez más salvaje y espectacular y después de un po' de millas iniciamos un largo rectilíneo con el Monument Valley sobre el fondo y nos paramos para inmortalizar con foto y reanudaciones. Creo que estamos en el rasgo de calle en que Forrest Gump se para después de haber corrido por ahí por tres años por América. Llegamos hasta la entrada y probamos a buscar un sitio para dormir al interior pero sólo siendo tampoco nosotros un hotel de habitaciones disponibles la sombra. Le volvemos entonces atrás a Mexican Hat donde encontramos dos habitaciones en un delicioso motel en las orillas del San Juan river. Vamos a comer en un sitio estupendo; un viejo restaurante con un enfadado cow boy que cuece bisteces sobre una parrilla balanceante y dos cazones de judías sobre la estufa. Comemos a lo abierto paladeando una cerveza fresca y gozándonos uno estupendo ocaso que transforma las rocas en un rojo vivo; una noche inolvidable. Desaforadamente hemos dejado cámaras de foto y videocámaras en motel, por lo tanto todo esto quedará, indeleble y vehemente, sólo en nuestros recuerdos. Vamos a dormir a noche avanzada, después de haber transcurrido un po' de tiempo tumbado a sentir el ruido del San Juan River. Mañana en la mañana nos espera la visita al Monument Valley y por la tarde el viaje para alcanzar el Grand Cañón.
12° día: martes el 14 de agosto de 2001: Monument Valley-Home page.
El despertador es implacable a las 6.30. Después de un veloz desayuno nos dirigimos hacia el Monument sobre la calle ya recorrida antes la tarde. Llegamos justo a tiempo para admirar el alba con los rayos de sol entre los celebérrimos farallones. Con una especie de jeep abierta por 8 sitios, con nosotros 6 hay dos japoneses, iniciamos la visita que durará acerca de dos horas y medio. El chófer es un viejo indiano navajo, aquí está todo administrado por los indianos, que logra hacerse entender hablando lentamente. Llegamos primera al John Ford point (lugar le titulado al famoso director) de dónde se tiene una panorámica completa y extraordinaria. Al de sobre vemos a las 3 hermanas: tres rocas muy parecidas que recuerdan de más una mano con tres solos dedos a mí. A pies también atravesamos un lago en que se reflejan las rocas de frente, y dentro de una pequeña gruta de los viejos grafitos indiano, con dibujos raffiguranti la vida cotidiana de los navajos. Al fin de la vuelta nos paramos a admirar las antiguas viviendas de los indianos. Son construcciones de barro y paja, muy resistentes,; se parecen a la lejana a los "casoni", viviendas típicas de la zona litoral entre Venecia y Lignano Sabbiadoro.
Al interior junto a una joven navajo, que administra el tendejón improviso de manufacturas indiano, encontramos a una viejecita casi centenaria que por más allá de media hora deleita contándonosnos viejas historias de ella y su gente. En la mirada se nota un velo de tristeza, aquel de un pueblo de orgullosos e indómitos guerreros reducido a vivir de la caridad de quien ha llegado después siglos de ellos. Nos dice que actualmente dentro del valle viven unos 6.000 familias. Hay una escuela para los chicos y todas las viviendas, casi todas chabolas de plástico o viejas caravanas, están faltos de luz eléctrica, que no llega dentro del Monument. Este pequeño número de navajo todavía logra vivir como más allá de hace ciento años; pero la mayor parte ha buscado lejos suerte en las grandes ciudades; encontrando comúnmente discriminación y alcohol. Este último en los últimos años se ha transformado en una real llaga y está entre las mayores causas de muerte entre los indianos. Saludamos a la simpática viejecita y estamos a punto de saludar el Monument Valley. Este apuesto extraordinario siempre me quedará en el corazón. Pienso que difícilmente se puedan encontrar muchos otros lugares que estén capaz de dar las emociones que he probado aquí. Los profundos silencios, las soledades y los horizontes infinitos devuelven este valle mágicas y magnéticas y viejas melodías indiano repican como a hacer recordar la historia sanguinaria de estas tierras. El hombre blanco ha logrado exterminar a los antiguos habitantes, pero no logrará nunca borrar sus espíritus que todavía alean a lo largo de los farallones. Mis pensamientos a lo largo de la calle en dirección Kayenta, Arizona, ha quedado todavía por largos minutos dentro del valle y en los ojos de la anciana indiano. Le llegamos a Kayenta hacia mediodía y nos zambullimos dentro del primer Mcdonald's. Comemos algunas hamburguesas en tiempos mínimos, nos espera en efecto un largo trayecto para alcanzar el Grand Cañón. Después de haber hecho el lleno embocamos las 160 sabiendo que por más de 150 kilómetros no veremos que desierto. Las 160 son un largo rectilíneas practicable también sin el volante y sin los frenos de Kayenta hasta Tuba City. Cruzamos pocos coches y tampoco una casa pero el paisaje y hora extra. Después de un par de horas llegamos a Tuba City asoleado y soñolienta ciudad de provincia; es considerada la ciudad capital de la tribu de los Hopi, cuya reserva mucho más pequeña confina con aquella inmensa de los navajos. Los Hopi siempre han sido inermes campesinos, su sumisión se reveló una práctica bastante simple para los conquistadores. También ahora su reserva sigue achicándose a favor de los navajos.
A Tuba City encontramos un gran supermercado y aprovechamos para restablecer nuestras reservas de agua. Una hora de calle nos queda para alcanzar el Grand Cañón. Desaforadamente después de un día de tregua el tiempo no promete nada bueno.
Llegarle al Grand Cañón necesita un mínimo de preparación. Su inmensidad es algo que te toma por la garganta y no te dejas respirar. No puedes hacer otro que estar en silencio y admirar lo que la naturaleza está capaz de crear. Y' tan inmenso de parecer falso e inalcanzable. Lejos en el fondo admiramos el Colorado river, el artífice junto al viento de esta inimitable obra de arte. Yendo en dirección del Visitor center nos paramos en más puntos panorámicos y Diego se deleita en peligrosas pendientes cerca del desplomo del cañón con Federica que inútilmente trata de disuadirlo. Alessandro visto el lugar místico tiene al pelo como Jesús de Nazareth, ves foto de grupo. Después de acerca de una hora llega desaforadamente la infalible lluvia nuestra fiel compañera de viaje. Yo y Alessandro nos cerramos dentro del coche mientras los demás son al visitor center para reservar un motel a Home page.
Recorremos a reacio la calle ya hecha esperando que mientras tanto retretes de llover. Llegados cerca de la salida hacia el highway 32 se para en un bar-bazar para alimentarnos y adquirir souvenires, justo cosa de turistas. Esta parada se ha en fin se revelada un auténtico golpe de suerte. La lluvia es dejada y, aunque con un viento particularmente frío, hemos asistido a uno de los ocasos más belli nunca vistos y tampoco imaginados. Deseo a quienquiera de poder asistir a un ocaso sobre el Grand Cañón apenas acabado la lluvia con arcoiris y horizontes estrepitosos. Salimos del parque en dirección Home page con a los hombros las luces de un crepúsculo extraordinario.
Después de un día agotador llegamos destruídos a Home page hacia las 22 y, arreglados los equipajes al Motel 6, realmente bonito, hambrientos y adormecidos nos basamos hacia una Pizza hut. Devorada una cantidad industrial de pizza y tragado algún litro de cerveza el único sitio apto a nosotros es un colchón. Nos preparamos por la noche con el senzazione de haber vivido uno de aquellos días de la vida que son destinadas a quedar irrepetibles. Mañana nos espera otro día todo otro que relajante con destino final Bryce Cañón.
13° día: miércoles el 15 de agosto de 2001: HOME PAGE-PANGUITCH
El despertador por una vez no es al alba pero hacia las 8. A pesar de la pizza de la tarde todavía esté merodeando por nuestros stomaci tenemos hambre. Encontramos un sitio administrado de indiano dónde, siendo día festivo, un discreto número de americanos a Home page por el fin de semana con barco a la continuación están consumiendo sus desayunos, el lago Powell, grande y con escenarios notables, es meta en el fin de semana para muchos americanos. Yo, Alessandro, Diego y Simona como siempre 1 opta típicamente por un desayuno americana e ipercalorica con notables repercusiones sobre el hígado. Concluida la laboriosa práctica gastronomía, antes de partir en dirección Bryce Cañón vamos a ver el gran dique sobre el lago Powell. Al Visitor Center yo y Diego, quizás por el aire alegre del ferragosto, nos divertimos como locos y con actitudes bastante ambiguas. A propósito la foto de Diego del lago ha salido antes bien quizás también por mi mérito. El lago visto por lo alto del dique es estupendo y los escenarios son justo los de una película Western. Yendo pero sucesivamente hacia la ribera descubrimos que está fuertemente contaminado, mucho de ser prohibida el baño. Renunciado a la excursión en barco por el coste elevado pero prohibitivo, estamos listos para alcanzar el Bryce Cañón que se revelará la enésima etapa estrepitosa de este viaje. Embocada el highway 89 después de algunos kilómetros pasamos el confín y entramos por la segunda vez en el estado de Utah. Después de acerca de media hora alcanzamos Kanab, pequeña ciudad que por sus escenarios naturales ha sido utilizada como plató cinematográfico de muchas películas Westerns, mucho de ser llamada "the little Hollywood." Entramos en una tienda particular en cuánto en el reverso encontramos un plató cinematográfico; con una típica ciudad del west de las 800 con salón, diligencia, barbero y banco. La tienda es a la venta muy particular por el número de artículos típicos. Das Cd de música country al vestuario de auténtico cow boy, también para los niños. Después de alguna adquisición retomamos nuestra calle. Como siempre tomamos la cotidiana dosis de lluvia y también un atasco en lleno desierto. Después de algunas horas llegamos en proximidad del Bryce Cañón. Encontramos una habitación en un gracioso motel a Panguitch. A lo largo de la calle hemos visto la cartelera de un rodeo. A pesar del cansacio decidimos ir a ver. Desaforadamente llegamos cuando ya es todo terminado. Decepcionados nos consolamos con un enorme bistec en un cercano steak house. Y' una noche muy bonita y fría, de en otra parte nos encontramos a más de 2.000 metros de altitud, el cielo barrido por un viento ligero es una alfombra de estrellas. Otro espléndido día americano llega a su fin. Esta tierra desde siempre sueño por enteras generaciones ofrece continuamente grandes sensaciones, quizás más que por una particular belleza por lo que representa y que ha representado. Quien quiere los escritos de Kerouac de sus viajes sobre y abajo por América no puede que probar una fuerte atracción por la calle americana. La calle no siempre y sólo una tira de asfalto contorneada por paisajes. Muchas veces puede representar mucho de más: un ideal, un sueño, una emoción, una historia experimentada o de vivir. Por Kerouac la calle representó una fuga, atormentada y grandiosa, chispeante y miserable de la vida cotidiana y de la sociedad que lo oprimió. Echa el ancla hoy por muchos puede ser así; cuando embocas una calle no nos tiene que necesariamente ser un punto de llegada.
¡Vueltos al motel apuntamos los despertadores a una hora terrible, las 5.30!!! pero el alba al Bryce Cañón es que no perder.
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